no cabe en la lengua,
porque la adormece,
no tiene saliva
ni poción viral,
porque balbucea gemidos,
no me cierres los ojos
véndamelos,
muérdeme el labio superior
pero dame una pausa
para saber
si puedo
dejar que me beses
más abajo,
en la negrura
que esconde
el olor a sudor
reprimido
el pasadizo
equidistante de los muslos
que se agolpan
se cierran,
se abren,
se entrecojen
se averguenzan,
allá donde acomoda
el culo,
sus misterios
su lujuria,
sus pedos silenciosos,
su pecado.
bésame allá,
que los vellos
humedos
te ahoguen,
y allí te vuelvas
feto,
saliva umbilical,
cesárea y metáfora,
retroalimentación
de sudores.
bésame,
y luego
como aquel Judas
arroja a los cerdos,
las miserias ganadas,
las miserables
monedas
del amor,
Y no temas
la soga
no te ahorca,
te hace héroe
king del sexo duro.
besuqueador
que entra por la puerta
grande
en el obscuro
salón
de la fama,
donde llegas
y te alegras
de haber salido vivo,
bautizado,
en las aguas sucias
del engañoso
rio de la vida
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