El poeta y el azar de los azares son enemigos a muerte. El poeta genuino no es producto de la casualidad, así que el cuento de las musas es solo eso, un cuento de camino. En el poema, de la abundancia del corazón habla la mano porque el poeta es un orfebre de la palabra, que la desnuda o la viste, copula con ella, se caga en ella, se masturba en ella, a su merced y antojo, pero a la vez la redime y la hace mito, voz, lira, canto, sueño, sangre, muerte, resurrección y hálito de vida. El poeta agoniza y se desvive intentando desentrañar los oráculos de la palabra y las ramificaciones con las que estas interconectan con su propia existencia. Si la imaginación del poeta debe trascender lo predecible, que es como marcar línea divisoria entre lo trillado y lo trascendente, el poema conlleva un reflujo de ideas, casi como ametralladoras del subconsciente que sirven de espejos reflexivos de cuanto somos, hemos sido y quizás seremos.
En el poema "La extranjera", la melancolía y el desamparo dejan de ser sentires inanimados, para convertirse en imágenes de voz propia: "los sótanos más húmedos", las "esquinas opacas”, en "la noche ciega" de "los cuentos marinos" o la "fina serpiente dormida". "La poesía, así como el arte en general, suponen una relación trágica con la realidad, en la medida en que exigen un esfuerzo por parte del artista para poder configurarla y delimitarla".(Enrique Aurora). Pero también, ese trance melancólico simbolizado por una mujer, y el desamparo por la carencia de la seguridad materna, primitiva y ancestral, esas dudas que atenazan, y esos ciclos irredentos que permanecen martillando el inconsciente como un efecto de multisurround, quedan expresados tridimensionalmente en el poema:
a) Regresiva añoranza de lo fetal:
La ausencia del tibio refugio fetal con su carga de significantes eróticos, la mujer amante-mito-madre capaz de propiciar, el sueño de volver a entrar por la vagina a la cámara oscura del goce maternal. En la adolescencia se comienza a transferir los deseos sensoriales de la influencia materna a ese otro rostro extraño, a esa otra mujer desconocida, denominada en el poema como la extranjera:
"Tal vez es ella el sueño
que de adolescente anunciaba el goce".
b)La agonía de la separación umbilical: la tragedia jamás superada.
El lanzamiento al abismo, la caída. La imposibilidad de recrear a la perfección el acto simbólico de lo materno en otro cuerpo produce frustraciones y conflictos insalvables:
"Tal vez es ella la pesadilla
que de niño anunciaba el golpe,
el presentimiento y la caída."
c) El misterio del amor, su dualidad pasional: goce-dolor.
Misterio en la pérdida y la nostalgia que nunca se supera del todo. Misterio que no logra discernirse o comprenderse, o bien que por ser tan doloroso, se decide Sublimar con cierto mecanismo de defensa harto conocido: el pretendido ciego, que evita ver lo que no conviene o no quiere ver.
"Nunca lo sabré
(estas cosas están vedadas
a los hombres que aman).
Quizás lo sé
y por eso, en vano, he mentido. "
Y esa nostalgia, ese desarraigo se cuantifica en ausencia de lo real-mágico que identifica el origen y el pasado, recreación de aquel edén bíblico que permanece como memoria vedada y prohibida. Así entonces, entre el lloro y el crujir de dientes, lamenta el poeta la ausencia de esa mujer arquetípica al llevarse consigo y en su cuerpo:
<em>"un largo territorio
de donde no han regresado
aedas, chamanes e ilusionistas."
Es decir...
-Los aedas - portadores de las profecías que explican la razón de vivir, los signos del ente racional.
-los chamanes. Los curadores de la herida y la angustia existencial,
-Los ilusionistas - forjadores de los sueños y la redención buscada.
Todo falta, si falta esa mujer, madre, diosa progenitora, razón de todo lo que se ama y quiere, se busca y anhela. La nostalgia es la cruz en donde el hombre ve morir crucificada a la madre ausente, sin poder ir a salvarla. La extranjera es el rostro y el cuerpo transfigurado de esa madre que ya no se tiene, aunque no sea la misma, ni tampoco igual. En todo, late la visión histórica de lo real, el deseo insatisfecho del poeta, quien tiene la pretensión –que sabe imposible–de abolir el tiempo histórico y el sino particular que ella ha legado.
El mito del desarraigo primigenio en el poema "La Extranjera" de Carlos Roberto Gomez.
El poeta y el azar de los azares son enemigos a muerte. El poeta genuino no es producto de la casualidad, así que el cuento de las musas es solo eso, un cuento de camino. En el poema, de la abundancia del corazón habla la mano porque el poeta es un orfebre de la palabra, que la desnuda o la viste, copula con ella, se caga en ella, se masturba en ella, a su merced y antojo, pero a la vez la redime y la hace mito, voz, lira, canto, sueño, sangre, muerte, resurrección y hálito de vida. El poeta agoniza y se desvive intentando desentrañar los oráculos de la palabra y las ramificaciones con las que estas interconectan con su propia existencia. Si la imaginación del poeta debe trascender lo predecible, que es como marcar línea divisoria entre lo trillado y lo trascendente, el poema conlleva un reflujo de ideas, casi como ametralladoras del subconsciente que sirven de espejos reflexivos de cuanto somos, hemos sido y quizás seremos.
En el poema "La extranjera", la melancolía y el desamparo dejan de ser sentires inanimados, para convertirse en imágenes de voz propia: "los sótanos más húmedos", las "esquinas opacas”, en "la noche ciega" de "los cuentos marinos" o la "fina serpiente dormida". " La poesía, así como el arte en general, suponen una relación trágica con la realidad, en la medida en que exigen un esfuerzo por parte del artista para poder configurarla y delimitarla".(Enrique Aurora). Pero también, ese trance melancólico simbolizado por una mujer, y el desamparo por la carencia de la seguridad materna, primitiva y ancestral, esas dudas que atenazan, y esos ciclos irredentos que permanecen martillando el inconsciente como un efecto de multisurround, quedan expresados tridimensionalmente en el poema:
a) Regresiva añoranza de lo fetal:
La ausencia del tibio refugio fetal con su carga de significantes eróticos, la mujer amante-mito-madre capaz de propiciar, el sueño de volver a entrar por la vagina a la cámara oscura del goce maternal. En la adolescencia se comienza a transferir los deseos sensoriales de la influencia materna a ese otro rostro extraño, a esa otra mujer desconocida, denominada en el poema como la extranjera:
"Tal vez es ella el sueño
que de adolescente anunciaba el goce".
b)La agonía de la separación umbilical: la tragedia jamás superada.
El lanzamiento al abismo, la caída. La imposibilidad de recrear a la perfección el acto simbólico de lo materno en otro cuerpo produce frustraciones y conflictos insalvables:
"Tal vez es ella la pesadilla
que de niño anunciaba el golpe,
el presentimiento y la caída."
c) El misterio del amor, su dualidad pasional: goce-dolor.
Misterio en la pérdida y la nostalgia que nunca se supera del todo. Misterio que no logra discernirse o comprenderse, o bien que por ser tan doloroso, se decide Sublimar con cierto mecanismo de defensa harto conocido: el pretendido ciego, que evita ver lo que no conviene o no quiere ver.
"Nunca lo sabré /
(estas cosas están vedadas/
a los hombres que aman). /
Quizás lo sé /
y por eso, en vano, he mentido. /"
Y esa nostalgia, ese desarraigo se cuantifica en ausencia de lo real-mágico que identifica el origen y el pasado, recreación de aquel edén bíblico que permanece como memoria vedada y prohibida. Así entonces, entre el lloro y el crujir de dientes, lamenta el poeta la ausencia de esa mujer arquetípica al llevarse consigo y en su cuerpo:
"un largo territorio /
de donde no han regresado /
aedas, chamanes e ilusionistas."
Es decir...
-Los aedas - portadores de las profecías que explican la razón de vivir, los signos del ente racional.
-los chamanes. Los curadores de la herida y la angustia existencial,
-Los ilusionistas - forjadores de los sueños y la redención buscada.
Todo falta, si falta esa mujer, madre, diosa progenitora, razón de todo lo que se ama y quiere, y todo cuanto se busca y anhela. La nostalgia es la cruz en donde el hombre ve morir crucificada a la madre ausente, sin poder ir a salvarla. La extranjera es el rostro y el cuerpo transfigurado de esa madre que ya no se tiene, aunque no sea la misma, ni tampoco igual. En todo, late la visión histórica de lo real, el deseo insatisfecho del poeta, quien tiene la pretensión –que sabe imposible–de abolir el tiempo histórico y el sino particular que ella ha legado.
Interesante y "cleaver" comentario, Ninos.
Sigue adelante
Publicado por: joremita | jueves 15 de febrero de 2007 en 13:51:29 America/Los_Angeles